domingo, 30 de noviembre de 2014

LA PUERTA

Tocaban con tanta insistencia a la puerta y aunque sabia que era ella, no quería abrirle, era demasiado para mi, suficiente con lo hasta ahora vivido. Ella golpeaba con tanta fuerza, como si alguien estuviera por alcanzarla, se le escuchaba tiritar por el frío que en el lugar había. No era la primera vez que ella se iba para luego volver, a consolarse, a recoger los pedazos de corazón junto a mi; pero, ésta vez estaba decidido, no le abriría más. 
Ya estaba cansado de lo mismo, ella tendría que entenderlo, e ir a buscar a otra puerta tocar que no fuera la mía, era algo que me atormentaba, sentía que la puerta caería en cualquier momento; que, corrí hacia ella y con fuerza la reforcé, pero, antes mi cuerpo contra ella topé y lo pegué, sí contra la puerta, mientras que, ésta vibraba con cada golpe que ella le daba. 
Coloque mi oído justo en la madera, sin yo saberlo, ella se colocaba al otro lado tambien contra ella y por un lapso de tiempo la puerta ya no vibró más, ni los golpes escuché. Al buen rato, el frío que con ella venía, heló a mi puerta y ésta a mi, aunque del lado mío, aun estaba algo cálido, era un viejo sentimiento que no quería morir, pero no era lo suficientemente fuerte como para la puerta abrir. 
Pasado el tiempo, se escucharon unos golpes, eran débiles y diferentes, aunque seguían siendo desesperados; los golpes resonaban en mi pecho, mi corazón sufría y lloraba sangre, pero yo seguía firme en mi decisión de no abrirle, por un buen rato escuché a esos golpecitos y entonces comprendí, que ellos venían desde su corazón, que eran golpes del corazón; de su corazón para el mio, pero ambos, no abrimos, paso otro rato y nuestros cuerpos seguían de alguna manera postrados uno contra el otro, pero la fría madera de mi puerta era la que impedía que la  abrazara como otras veces y que a su roto corazón auxiliara. Me tocaría de nuevo cocerlo, pegar cada pedacito, unirlo y untarlo de amor, hasta que éste sanara y una vez sano, ya con cicatrices, unas sobre otras; seguramente de mi se alejaría de nuevo, hasta que un día, no volvería, no por que los otros no la volverían a herir y a su corazón desarmar, sino porque  ese corazón ya no aguantaría otra reparación y, yo tampoco, pues mi vista ya no era la misma y mis manos ahora eran mas temblorosas. 
Seguí deteniendo a la puerta con todas mis fuerzas y con mucho dolor en mi corazón; ellos, seguían golpeando a mi puerta y a mi corazón, por fin se cansó y dejó de golpear; yo seguí en el lugar tratando de escuchar, pasaron las horas y nada, por fin se había marchado, todo había terminado. Regresé a mi cama, me recosté, los ojos cerré y mi mente y corazón se unieron y me volvían loco, recordando tantos momentos vividos, solo recopilaron los buenos momentos, eso si que fue difícil para mi, por fin quedé dormido, esa noche la soñé y por ultima vez con ella fui feliz. 
El tiempo transcurrió sin darme tregua alguna y una tarde de primavera alguien a mi puerta golpeo yo, pregunté: _¿Quién? Afuera se escuchó  _¡yo! 
Me sonreí y cogí las llaves del candado que había en mi puerta y lo quité, tomé el picaporte y luego de pensar por un instante, por fin a la puerta abrí. Era ella, y con ella, la luz del sol, los aromas de las flores, los cantos de los pájaros, un aire fresco a mi cuarto invadió, cuando ésto pasó, de adentro salieron huyendo aterrados, pajarracos negros, ésos, eran los tristes recuerdos de un antiguo y malvado amor pues, el que ahora llegaba a mi vida, venía con todo nuevo, sí, un nuevo amor habia llegado. Esta vez, guarde el candado en mi gaveta y las puertas las deje abiertas de para en par y le dije a ese nuevo amor que a mi vida invadía de colores y luces, de aromas, de olores: _Las puertas se quedaran así, abiertas, de aquí podrás salir cuando lo desees, pues es una sabiduría aquello de que... Si amas a alguien déjalo libre, si no vuelve, mejor, pues nunca te amó y si vuelve, seguro fué porque te extrañó y por ello regresó, para nunca marcharse. Y, así fue, ese amor que a mi llegó; llegó, para nunca más irse de mí. Y, mi puerta sigue abierta, sea primavera, invierno, verano u otoño... ¡Nunca la cerré y ella de mí, nunca se fué!



Tocando a mi puerta



¿Alguien llama a mi puerta?
 a las puertas de mi corazón.
debes de ser tu: ¡El amor!
nadie, que no sea él puede a ellas tocar,
lo hace con tal autoridad
que rara vez te niegas a abrirle.
_

¡Ah! ¿eres tú?
sabía que algún día tocarías,
sabes que eres bienvenido.
aquí no hay cabida para otro que no seas tú.
aunque se que no eres un residente
pasa ya veré cuanto tiempo te quedas.
_

Otras veces has tocado a mi puerta
y a mi corazón has: desgreñado
adolorido, destrozado, roto.
¡lo has destruido y te has marchado!
me he dicho: ¡jamás volveré a abrir! aunque toque mil veces
pero nada que hacer, él siempre presto estará.
_

Hazme el favor. 
cuando entres, cierra la puerta
trata de quedarte y no lastimarme otra vez.
acomódate, instálate, reside.
aunque acabo de limpiar
de repellar, de sanar,
¡siempre eres bienvenido!
te he estado esperando con todo mi amor.


viernes, 28 de noviembre de 2014

El corrido del viejo y la tumba de su hijo

Un viejo, tendido sobre la tumba tibia de su único hijo, lloraba amargamente, con un gran dolor en su pecho, que por momentos éstos lo hacía desfallecer y quedaba como privado de la realidad, junto a él, una vieja mujer, limpiando sus lagrimas con su delantal y entre la multitud, casi todo el pueblo, un pueblo del oriente de mi país, entre ello se encontraba una familia de hacendados, poderosos, no se si habían hecho lana honestamente o con ese maldito oro blanco. 
El hacendado poderoso, padre de una numerosa familia, no pudo evitar que una lagrima le rodará por su mejía, él, no la limpió, ni el aire se atrevió a hacerlo, mucho menos los caporales, guardaespaldas e hijos; nadie vió nada, nadie vió al patrón llorar. Cuando el sepelio terminó y casi todos se habían despedido; se fueron muy tristes para sus casas, en aquel lugar seguía el viejo tirado sobre la tierra que ahora cubría el cuerpo de su único hijo; junto a él, la vieja ya resignada y a la par de ella una mujer joven, junto a dos pequeños niños, con una cara de pena y de odio a la vez más atrás, se encontraba el hacendado con sus acompañantes, esperando a que el viejo se levantara de la tumba de su hijo. Cuando casi caía la noche en el camposanto, los empleados del hacendado lo levantaron y casi a la fuerza se lo llevaron, esa noche el viejo y lo que le quedaba de familia la pasaron como invitados del hacendado.
Al día siguiente, el hacendado esperaba al viejo, desayunando en un enorme jardín de su elegante propiedad.
_¡Venga para acá Don Jeremías! Lo invitó el hacendado a el viejo, quien aun lloraba de dolor por su hijo, que había muerto vil mente asesinado.
_¡Gracias patrón! Se quitó el sombrero y se sentó muy apenado al lado del patrón, éste le hablo de su pesar de verlo sufrir por el asesinato de su único hijo.
_Mira Jeremías, estoy muy dolido por tu pesar, que quiero prometerte y ofrecerte que la muerte de tu hijo no quedará impune.
_¿Qué quiere decir patrón? Preguntó un viejo muy dolido por la muerte de su único hijo.
_Jeremías, ¡mandaré a mis muchachos a matar a uno o mas hijos del desgraciado que a tu hijo asesinó!
_Eso, es lo que quiero hacer para tu dolor apaciguar. El viejo vio con horror al patrón y le dijo.
_Mire patrón, si con eso mi muchacho se levantara de esa tumba, yo mismo iría a matar a ese desgraciado; pero, eso no me lo devolverá. El patrón lo vió con asombro y extrañeza a la vez, pues él siempre solucionaba sus problemas de esa manera. Entonces, el viejo se levantó y en el suelo se hincó y ésto dijo.
_¡La venganza es mía dijo el Señor! Yo, perdono a los verdugos de mi hijo. 
_Aunque yo no lo vea, tarde o temprano su factura les llegará. Y luego de ello el viejo se levantó, agarro a la vieja y a sus nietos y a su rancho humilde se marchó y desde ese día, no se le vió derramar una lagrima más. 
En el lugar, se quedó la nuera del viejo, la cual, en la meza junto al patrón se sentó.
_¿No entiendo a éste viejo? ¡como lloraba a su hijo ayer en el cementerio y hoy perdona a los asesinos de su único hijo! 
_¡Es un viejo loco!
_No, patrón, es un hombre de Dios, un hombre sabio. 
_¿Sabe? yo estaba muy dolida por lo que mi marido me hizo, pero tambien lo he perdonado y me voy con mis suegros.
_Pero mujer, ¿qué fué lo que pasó? ¿por qué, a tu marido mataron? Preguntó el patrón a la viuda; para así, tal vez entender al viejo. La viuda, entonces le contó la historia del que ahora se enfriaba en la tierra del cementerio.
_Mi marido, llegó a trabajar a la hacienda de ese desgraciado que lo mando a matar, él llegó ahí, como maestro a instruir a los hijos de los jornaleros de la hacienda y con el tiempo la hija del hacendado, de él se enamoró y mi marido de ella. El padre de la jovencita los descubrió y su relación aceptó, hasta su bendición les dió. 
_Parece que mi marido la embarazó y al ésto saber el padre de la muchacha, le exigió que respondiera. Mi marido, que era un  ambicioso, vió, que a parte de ser el marido de la única hija del hacendado, pasaría a ser dueño de una gran parte de aquella hacienda, y, se comprometió con ella. 
_Cuando hicieron la fiesta del compromiso de los novios, en la fiesta, entre los invitados se encontraba alguien que conocía a mi marido; uno a quien en otra oportunidad su novia le robó y luego la abandonó, dejándola llorando de dolor. 
_Éste, que conocía toda la historia de mi marido, llamó al hacendado y le contó que mi marido me tenía a mi y a dos hijos. 
_Éste, enloqueció de la cólera y cuando la fiesta terminó, lo llamo para confrontarlo delante de su familia: esposa, hijos y de la única hembra, los ojos del hacendado. _Éste, al verse descubierto, confesó todo y le prometió a su futuro suegro que se divorciaría de mi para casarse con su hija. 
_Pero, cuando éste vino a nuestro casa y todo le contó a mis suegros, éstos lo echaron, diciéndole, que ellos no permitirían que me abandonará. 
_Entonces, mi marido se quedó acá, con nosotros y al no regresar el hacendado lo mando a matar; por no cumplir con su palabra.
_¡Puta mujer! era una joyita el desgraciado de tu marido, ahora entiendo todo. 
_Y, ¿dicen qué tu ibas con él, cuando lo mataron?
_Si patrón, veníamos los cuatro por el camino, cuando nos atravesaron una troca negra, de la cual se bajaron tres hombres. _Mi marido, cuando vió ésto. Me dijo _¡Agarra a los niños y andate! Yo, agarre a mis pequeñitos y me metí entre los maizales de su propiedad y mientras corría con mis niños. _¡Escuche los plomazos! _¡Fueron muchos patrón! _Luego de ello, solo se escucho el silencio, deje a mis muchachitos en los maizales abrazados y al carro regresé. 
_Y... ¡Ahí lo encontré, acribillado adentro del carro! 
_¡Ésa es la historia patrón!
_¡Caray hija! _Y, ¿ahora qué piensas hacer? Le preguntó el patrón a la joven viuda.
_¡Pues trabajar! para darle estudio a mis hijos y mantener a mis suegros, que son como mis padres.
El patrón vió que la viuda no era una mujer fea, por el contrario. Le propuso, ser su amante y de encargase de ella, sus hijos y de sus suegros. 
Ella aceptó. Pero, con la condición de que sus suegros no se enteraran nunca del acuerdo que acababan de cerrar.













jueves, 27 de noviembre de 2014

Jack y Jill

Jack: Es un tipo de lo mas desobligado, parrandero, mujeriego, un vagando, sin trabajo fijo. Digno representante de la clase media.
Jill: Una señorita bien, de familia acomodada, muy refinada, de gustos exquisitos, de vida social. Digna representante de la clase Alta.
Dos mundos, completamente diferentes. Cada quien, se desenvuelve en mundos de extremos opuestos.

El destino entrometido, quiso un día, hacer un experimento y decidió unir a Jack y Jill; para ver que podría pasar en esos dos mundos tan diferentes. 
Ésta es su historia:

- ¡Hola, primo! ¿cómo has estado? Era Remy, llamando a Jack.
- Bien prima y ¿tú qué haces? Le preguntaba un haragan del Jack, tirado sobre su cama, sin hacer mas nada, que esculcarse el ombligo. Luego de una larga platica, poniéndose al día; Remy le lanza esta pregunta a Jack.
- Primo y en asuntos de amor ¿cómo te trata la vida? Éste, quien seguía limpiando su ombligo, lleno de hilitos blancos, como bolitas de algodón, le responde.
- Pues, como sabes, me defiendo como gato panza arriba, jejeje.
- No, en serio, tienes algún compromiso serio. Le dijo Remy, muy seriamente a su querido primo Jack.
- ¡Algo serio! ¡tienes algún problema conmigo prima! Le respondió Jack a su prima con el tomo indicando molestia.
- Bueno primo, ya es tiempo que te formalices. Le decía Remy.
- ¡Óyeme primita! si sigues con eso, ¡te cuelgo el phone! ¿me captas? 
- ¡Está bien!... Solo quería presentarte a una mi amiga, que recien corto con su prometido, ¡y está desecha la pobre!
- Y, ¿está buena la nalguita? Pregunto muy interesado Jack.
- ¡No seas vulgar primo!... Y, en cuanto a Jill, si ella es muy atractiva.
- ¡Así que se llama Jill! Insistió, un interesado perro de caza.
- ¡Si!, y quería presentarlos para ver, si asi ella sale de su depresión.
- Pues, ¡sale prima! ¡conéctemela pue´! Le insistió Jack a Remy. Remy, no mucho quería, pues, presentía que no funcionaría; al conocer a su primo y la vida a la que estaba acostumbrada Jill. Pero, al fin accedió y le dijo a Jack.
- ¡Está bien primo! apunta el teléfono, pero sé un caballero con ella, ¡sí!
- ¡Oki doki carnala, no hay pedo! Y la prima, le dió el numero telefónico de Jill a Jack
Despues de un par de semanas, Remy, llamó a su primo, ésto hablaron.
- ¡Hola Jack!, ¿me podes decir porqué no has llamado a Jill?
- ¡Hola primis! lo que pasa es que se cruzo otra nalguita a la que le llevaba ganas y estoy en la obra, ¿tu know?
- ¡Pues llámala! yo ya le conté de ti y me costo convencerla. Ella, sigue muy mal. 
- Hazlo por mi ¡sí!
- Esta bien primis, la llamaré, ¡te lo prometo!, solo porque tu me lo pides.
- ¡Pero la llamas ahora! Le ordenó Remy a su primo.
- ¡Calmantes montes! ¡oki doki! ¡now la call her! Y colgaron. Jack empezó, por buscar el papel en donde había apuntado el teléfono de Jill; luego de unos quince minutos de búsqueda, por fin lo encontró adentro de un calcetín sucio.
Jack y Jill; llevan, ya casi un mes hablando, pero solo por teléfono, pues Jill no se atreve a tener una cita aún y menos a ciegas.  Jack, sigue llamándola por teléfono, ahora con una curiosidad enorme por conocer a Jill. Jill, quien se divierte de escuchar las tonterías que Jack le habla por teléfono. Cuando habla con él, se ríe tanto que cree que ha empezado a olvidar el dolor que llevaba adentro de su corazón.
Un día, de un Septiembre, por fin decidieron conocerse y pactaron un lugar, en donde se encontrarían, ella le indicó a Jack como llegaría vestida, mientras que Jack le dijo a Jill como él llegaría vestido; pero éste, le mintió, él no quiere correr riesgos innecesarios, y si no le gusta la tal Jill, la dejaría plantada y jamás la volvería a ver, ni a hablar con ella por teléfono.
Ella, pidió un taxi, para que la llevara a su cita a ciegas, llevaba un atuendo que se habia comprado en New York, en unas vacaciones; iba despampanante. Mientras que Jack, se coloco un pantalón de mezclilla, el que tuvo a la mano, que por cierto, tenía un hoyo abajo de la bolsa trasera derecha; unos tenis algo gastados, pues eran los únicos que él tenía, sin calcetines y una playera con la marca Guess en frente tambien ya desteñida. Subió al servicio urbano y se fué al punto de reunión. 
Como era lógico, ella llegó mucho antes que Jack y se sentó en un sofá que habia en el lobby de los cines a donde se habían citado. Por fin, unos veinte minutos después Jack apareció en escena y entró al lugar, buscó a Jill y por fin la vió. No le fue nada difícil pues, ella era una chica muy atractiva. El descarado de Jack, se acercó a ella, pues nada que ver como él iba vestido a como le había dicho a Jill, así que tuvo todo el tiempo del mundo para observar a la joven de pies a cabeza y no tardó mucho tiempo en percatarse de que se trataba de una hermosura de mujer. Siguió de largo, luego de observarla y se fué a parar frente a una vitrina, para arreglarse un poco. Jill, pensó 
- ¡Que bueno que se quito este naco de enfrente, ya me tenía nerviosa.
- ¡Oh mi Dios! ahí viene de regreso... Mejor me quito de aquí. Se levanto dándole la oportunidad a Jack de que la viera de cuerpo entero, a Jack se le aguado el cuerpo al ver a tremenda mujerona, que no lo dudó más, y pensando que se había aburrido y que se iría del lugar sin conocerlo, asi que la siguió y cuando tuvo oportunidad le dijo.
- ¡Hola Jill! Ella se detuvo y con gallardía volteó, para ver quien era el que le había hablado; al hacerlo solo vió al naco frente a ella. Ella, veía por todos lados y lo único con que se encontraba, era a un desalineado Jack; sonriente, frente a ella, diciéndole.
- ¡Hola! ¡soy Jack! Ella, lo vió de pies a cabeza y con un gesto de desagrado le dice
- ¡Debe de ser una broma! Cosa que a Jack le valió, por el arco del triunfo y se acercó a ella y le dió un beso en la mejía, diciendo lo siguiente.
- Perdón por la tardanza, pero el bus en el que venía, pinchó una llanta. Ella sonrió con ironía. 
- ¡Bus urbano!, ¿qué no tienes carro? Jack, sonrió con mucha honestidad. 
- No, no lo tengo, ya quisiera tener una nave, pero todavía no. ¡Pero quiza en unos años, con mucho trabajo!
- ¿Una nave? Dijo Jill. Y, pensó.  
- Yo que me vine en taxi, para no andar en dos autos. Ya resignada le dijo a Jack.
- Bueno, mucho gusto, que pena, pero como no llegaste a tiempo, ya se me hizo tarde, sera mejor que me regrese a casa. El pobre de Jack, quien no era ningún tonto, entendió el mensaje y sintió una gran pena, el dejar ir de su vida a tan hermosa criatura. Se dieron la mano y Jack como pudo la atrajo hacia él y le dió un beso en la mejía, cosa que a ella le desagradaba, eso de dar espectáculos en publico y ese beso era un espectáculo en publico para ella. Se retiró, más rápido que ligero y, se subió al primer taxi que se encontró. Jack, regreso al sillón, a soñar con su Jill y luego se regreso en bus a su casa.
Por más de una semana, Jack no la llamó, él siguió con su vida de desobligado saliendo con las chicas del barrio, a las que Jack les parecía el mejor partido del lugar, pero Jack no podía sacarse de la mente a Jill. 
Una tarde de viernes, sonó el teléfono de Jack y al contestar...
- ¡Aló! ¡Aló! ¡Aloooo! Cuando Jack iba a colgar, pues nadie le respondía; al otro lado se escuchó una vos refinada y dulce.
- ¡Hola Jack! Jack, que ignoraba de quien se trataba, preguntó. 
- ¿Quién me habla?
- ¡Soy Jill! El corazón de Jack se aceleró, luego, se tiro sobre su cama e iniciaron una larga comunicación, como lo hicieron antes de conocerse en persona. Jill, se había acostumbrado a las locuras que Jack le contaba por teléfono; que superó su desilusión del otro día y lo llamó; ese viernes, ella rió hasta no poder más y aceptó otra invitación de Jack. 
Irían al cine, pero esta vez, ella saldría media hora más tarde, para llegar junto a Jack al lugar de la segunda cita.  
Una vez más, ella se colocó ropa de marca, importada, pero ya nada formal. Un jeans, una blusa y unos zapatos de tacón, su bolso sobre el hombro, un maquillaje poco llamativo; quiso ponerse al nivel de Jack, pero aun asi se veía el plumaje fino de esa hermosa ave. Por el lado de Jack, él se baño, y tardó como una hora adentró del baño, se rasuró, se coloco ropa interior muy limpia, claro, esta vez usó calcetines; buscó sus mejores zapatos, su mejor pantalon. Bueno, usó la ropa de ocasiones especiales; la ropa de fiesta de Jack. Ésta vez Jack, usó un transporte urbano pero de los más rápidos, no quiso perder tiempo en el bus urbano. Como siempre, Jill llegó antes que él, pero solo por cinco minutos. Ella se encontraba frente a la cartelera del cine, viendo los estrenos de ese día. Jack llegó y se quedó por unos segundos observándola, ¡vaya si era algo hermoso! ella lo vió y se dirigió hacia donde el avanzaba; como siempre ella le extendió la mano para saludarlo pero Jack le propino el acostumbrado beso en la mejía, ella, tuvo que aceptarlo no sin dejar de ver a su alrededor para chequear si alguien los había observado.
Jack le pregunta. 
¿Qué película desdió ver? Ella, le dice que el éxito de la semana. Jack con sus manos adentro de sus bolsillos contaba el dinero, viendo en la cartelera el precio, por ser estreno. Sintió un gran alivio al ver que apenas le alcanzaba para las entradas y le sobraba lo justo para el pasaje de regreso. Así que, se dirigió a la taquilla a comprar sus boletos. 
Entonces, se hicieron hacia la sala de proyecciones, al llegar ahí; la película estaba presentando los créditos. 
- ¡Ya apagaron las luces Jack! Le dice, una preocupada Jill; entonces Jack grito en el umbral de la sala. 
- ¡¡Luz!! Llamando al señor con la linterna, Jill no hallaba donde meter la cara de la vergüenza. El señor, llegó y ésto les dijo.
- Ya no hay lugares para que se sienten juntos; solo hay un lugar allá y otro por allá. 
- Quedarían uno en cada esquina. Entonces Jack le dice a Jill.
- ¡Vete para allá y yo me voy para acá!... ¡nos vemos a la salida! Jill, lo jaló tomándolo de la mano, Jack, sintió una corriente eléctrica por ese brazo, que casi le aguado al sentir su mano en la de ella.
- ¡Noooo! Grito Jill. Mejor vamonos y veamos otra película, en donde nos podamos sentar juntos.
Jack, tragó saliva, pues ya no tenía más dinero. Mientras, regresaban al lobby del cine; Jack le dice a Jill
- Jill ¿crees que me devuelvan el dinero o, que nos cambien las entradas para otra sala?
- ¡Por supuesto que no! y, tu no harías eso ¿verdad? Dice una Jill toda alarmada....
Continuará....








miércoles, 26 de noviembre de 2014

La almohada rosada con lunares fluorescentes, de By

En el cuarto, se sentía el olor de la soledad. Una ventana sin abrir, con cortinas desteñidas por el olvido; un escritorio, lugar de las tareas infantiles; la alfombra de círculos de colores al pie de la cama; la cama, que un día pareció ser inmensa, tan grande, al igual que el pequeño lugar en donde yacía olvidada durante varios años. Sobre ella, una sabana adornada con  cuadros de colores; sobre esa sábana, unos almohadones suaves, que guardaban con mucho recelo la forma circular de una pequeña cabeza, y más allá, refundida entre todos esos almohadones y muñecos de trapo, una pequeña almohada de color rosado desteñido, con lunares blanco-plateado; parecía que se llevaba el mismo tiempo de estar en esa habitación vacía, escondida entre las almohadas y muñecos de tela, éstos parecían protegerla, aun a costa de sus propias vidas, si es que ellos la tuvieran, parecía que sí...

El perro, comenzó a ladrar al escuchar como se abría la puerta principal de la vieja casa. Al ver quien llegaba con sus viejos amos, se hizo hacia atrás, gruñendo a la desconocida, los viejos le llamaron la atención, pero la joven les llamó a la calma y colocándose en cuclillas, con mucho amor le habló a un perro blanco con manchas de color café, al llamarlo por su nombre, éste dejo de gruñir y su cola empezó a batir, se acerco tímidamente hasta donde la joven desconocida a quien su vista quería reconocerla; pero, no era posible, sin embargo, su oído la había querido recordar y al estar cerca de ella y llegar a su fría nariz la cual se movía rítmicamente, un olor agradable para él, por un rato vaciló, pero en su mente perruna de inmediato se dibujaron los juegos entre un cachorro y una niña, de pelos largos y cara pecosa; entonces ambos se fundieron en un cálido abrazo. Ella lo alzó y contra su pecho lo apretó, él, cómodamente se acomodo sobre el pecho de la joven, pero muy agitado y sentía que su corazón lo abandonaría y su cola se abatía, tal cual ventilador en pleno verano. Luego de varios minutos acomodados todos en la vieja sala, ella se levantó y corrió por las escaleras, como lo solía hacer cuando vivía ahí; hasta llegar y detenerse frente a una de las puertas, a la par de ella, el perro de color blanco y café. Cunado la señorita toco el picaporte para abrir la puerta del cuarto, el tiempo quiso darle la bienvenida y en su mente un torrente de recuerdos volvieron de golpe.  Por el lado de adentro del cuarto, no entró la joven señorita, sino, una niña, de pelos largos y desgreñados, de color rubio y de cara blanca y pecosa, de piernas flacas, como el resto de su cuerpo, el perro se adelantó y de un brinco sobre la cama se echó; él, seguía moviendo a su cola y su corazón no dejaba de latir, como hacía tanto no lo hacía. 
Ella, aun como una niña, recorría toda la habitación. Acarició a las viejas y amarillentas cortinas dañadas por el sol de las mañanas; luego con un poco de esfuerzo, logro abrir la ventana, pues siempre le gusto ver el mundo desde ahí, abrió las puertas de par en par y aspiro todo el aire que le fue posible, luego se volteó y vio junto con un suspiro a su escritorio hecho de palo blanco, sencillo, pero lleno de bellos recuerdos, al pie de las patas de la mesa, un polvo, que no era otra cosa, que los residuos de una madera apolillada, se abalanzó sobre él, extrajo la pequeña silla de entre la mesa y se acomodo en ella, tomando el cuidado de no desbaratarla, acaricio a la tabla de la vieja mesa y su garganta se le ennudó. Entonces, con esa molestia en su garganta, se volteo y vio al pie de la cama a esa alfombra de círculos de colores, esa alfombra que siempre acarició sus pies desnudos todas las mañanas de su infancia, se quitó de sus pies, sus tacones altos y finos, para no causarle daño a la vieja alfombra, la misma que muchas veces la hizo volar a través de la ventana y la llevó por lugares mágicos con sus pies descalzos. Entonces, una vez parada sobre su alfombra mágica, se tumbo sobre la que un día fué una cama tan inmensa, como el mismo mar, como el mismo desierto, como el miso cielo estrellado, al caer sobre ella, boca arriba, de una fue lengüeteada por el perro con mucho amor, ella lo hizo a un lado con mucho cariño, pues todavía en el techo la esperaban: una estrella y la luna sonriente, esos y muchos otros, que le guardaban el sueño cada noche, la garganta le apretó mucho mas fuerte, que no pudo evitar que de ella saliera un leve grito, acompañado de muchas lagrimas que brotaban de sus ojos verdes, de inmediato cogió a un almohadon para silenciar a su llanto; entonces descubrió a sus compañeros de aventuras, sus muñecos de trapo: un gato con botas y una gatita pies ligeros. Los acarició e hizo que ambos se besaran, ellos, sintieron volver a la vida, pues llevaban años sin poder entregarse su amor de gatos, uno al otro. Imitó la vos de ambos y así pudieron hablarse y decirse lo mucho que se amaban, cosa que no se decían desde hace muchos años. 
Ésto, hizo que quedara a la vista, una almohada rosada, desteñida, con lunares blancos-plateados, al verla dejo de lado a sus muñecos de trapo, dándose de besos apasionados y con mucho cuidado, extrajo de la protección del resto de almohadones a la tímida y pequeña almohadita, rosada, la llevo hasta su rostro y la besó, como quien besa al ser amado, que vuelve del campo de batalla después de años de batalla; ella, aspiró de la almohadita un olor particular, ese que la almohadita guardaba celosamente, olores de sudor, provocados por un mal sueño combinados con leche de biberón, ambas, fueron felices de volver a encontrarse y con seguridad, que a partir de ese día, no se volverían a separarse; jamás... ¡Nunca jamás!...   

¡¡Tan Linda...!!



Con un cuerpo sin forma
 y contando los días
con ansias de que llegue ese día;
con un cuerpo alborotado 
que te desespera.
Él, correrá para satisfacer lo que se antoje
_

Tus ojos se llenan con mucho amor,
acariciando un vientre... lleno de vida
¡jamas te vi tan linda!
Ni cuando tu cuerpo fué perfecto
te vi así, tan linda
como hoy te veo
esperando a mi bebe.
_

Tan linda... ¡esperando un bebe!
pensando...
esperando un bebe...
que nombre, el perfecto será...
esperando a tu bebe.
¿Será niño o niña?
¡Qué importa! 
Esperando a mi bebe.
_

¡Estamos felices!
 Te ves tan linda, 
esperando a nuestro bebe.
¡Tan linda!
Esperando a nuestro bebe.
Te ves... ¡tan linda!



martes, 25 de noviembre de 2014

PETÉN 2

                                       III

-Ya pasó una semana señor. Le dijo el capitán a su comandante en jefe. El engringado militar se encontraba en su habitación solamente en pantaloncillos, sentado sobre una hamaca, disfrutando del aire acondicionada, pues, él era el único que tenía un aparato de éstos para evitar el calor del Petén; se encontraba afilando las puntas de sus flechas. El engringado militar, era aficionado a la cacería y tenía un gusto especial por realizar dicho deporte con arco y flecha, por lo silencioso decía el canche de casi dos metros de altura.
- Si, lo sé, ¿por qué cree que estoy dándole filo extra a mis hermosas piezas de casería?
- ¿Cree usted capitán, qué lo mismo hacían en la antigua Roma, antes de salir a una batalla? 
El capitán sonrió y dijo.
- Creo que lo hacían así, los cavernícolas, señor. El gringo lo vió, con una mirada que heló al capitán, quien en ese momento le pidió disculpas a su superior. Luego, el Jerarca del lugar le dió ordenes al capitán.
- ¡Prepárense, que mañana al amanecer saldremos de cacería!
- ¡Sí señor! Grito el capitán; colocándose en modo de atención.
- Busque a los mejores, no quiero cuques mulas. 
- Recuerde que son delincuentes peligrosos, no niñas exploradoras y, no vamos a correr riesgo de bajas.
- ¡Como ordene señor! Se retiró el capitán.

Mientras, en algún lugar de la selva petenera, seguían sin rumbo los fugitivos, algunos ya se veían agotados y sin fuerzas, con la moral por los suelos. Peleando con las inclemencias de la selva y sorteando a los animales salvajes, pues eso sería algo mortal para los ya muy huesudos; pues, se alimentaban de lo que la selva les proporcionaba y como ellos podían hacerse de esos alimentos, pues carecían de utensilios y armas.
- ¿Cómo estarán los otros vos Zeta? Le decía, un Tigre en forma, a pesar de lo cruel de su situación.
- Si, siguen con vida, se los ha de estar llevando la gran puta, vos Tigre. Le respondía el Calavera.
Mientras, el Zeta, el Chinche y el Alacrán, estaban sentados a las faldas de una enorme ceiba, con sus cuerpos tambien huesudos, y con una hedentina junto a ellos, pues todavía llevaban con ellos, los restos del desafortunado compañero de celda.
- ¿Nos comemos al cerote y apestoso? Pregunto el lombriciento del Zeta. Los otros dos, al escuchar ésto, hicieron mala cara.
- ¡Tu madre hijueputa, esa mierda ya no sirve para nada! 
- ¡Anda tirarlos a la mierda! Dijo un Alacrán, muy desequilibrado y agotado.
El Chinche, tomo a las extremidades de su ex compañero y se alejo unos cuantos metros del lugar a tirar los pedazos del cadáver. Pero la pestilencia era ya tan escandalosa y el aire que se llevaba el asqueroso olor de la carne putrefacta, por entre el bosque selvático. 
Cuando el Chinche creyó encontrar un lugar perfecto para dejar los restos de su desafortunado amigo, sintió como si uno de sus amigos se acercaba a él, para ayudarle. Éste se volteó y logró decir:
- ¡Aquí estaaaaaaa..... 
En el campamento improvisado, donde se encontraban sus camaradas; éstos escucharon un grito espeluznante. El Alacrán y el Zeta. Ambos, se vieron a la cara completamente horrorizados y al unísono gritaron.
- ¡El chinche! Y, corrieron justo al lugar de donde venía el grito; luego de una especie de carrera, pues no se le podía decir que habían corrido, pues estaban muy cansados. Llegaron a un lugar, en donde se encontraban las extremidades del cadáver de su ex-compañero, pero nada del Chinche; solo un rastro, que luego se desaparecía entre la espesa maleza de la selva. Esos rastros, eran de algo muy parecido a un cuerpo humano, arrastrado por el barro y éstos rastros se mezclaban con las huellas de unas patas, seguramente de un felino muy grande. Entre el barro y las huellas, rastros de sangre. Tanto el Zeta, como el Alacrán, se santiguaron y regresaron a las raíces de la enorme ceiba. Nadie, dijo una palabra, mientras volvían a la sombra de la frondosa ceiba. 

                                           IV

El sol aparecía en el horizonte y en el cuartel celosamente escondido en algún lugar muy recóndito del Petén, sonaba la corneta, indicando la orden de levantarse y prepararse para salir a la cacería humana. En las barracas, había jolgorio, pues los elegidos estaban emocionados por lo que les esperaba, para algunos, ésta sería su primera vez, mientras que para otros ya era hasta su tercera vez. Pero la emoción se les veía en sus rostros. Y, es que no es lo mismo, salir a cazar animales silvestres y salvajes, que salir a cacería de seres humanos -si se les puede llamar así- 
El comandante en  jefe, del lugar, salió en calzoncillo y se estiro, al hacerlo, parecía que midiera mas de tres metros; era un hombre caucásico, muy fornido, con musculatura enorme y bastante alto, en relación a las tropas peteneras que apenas el mas alto, alcanzaba el un metro con setenta.
- ¡Capitán salimos en una hora! _¡Estoy ansioso por salir!
- ¡A su orden mi coronel! Dijo el capitán, quien entró en las barracas a dar las ordenes de su comandante, el coronel canche.
- ¡Los quiero listos en una hora!
- ¡Si señor! Corearon todos los cuquitos en las barracas.

En algún lugar selvático, el Tigre le confesaba a su compañero.
-Vos calavera, sentí un escalofrío en todo mi cuerpo.
Mientras en otro lugar del Petén.
- Vos Alacrán, ¡levántate tenemos que continuar! Le pateaba una pierna al Alacrán, el Zeta, para despertarlo.
- ¡Déjame en paz vos cerote! Le reprochaba el Alacrán al Zeta.
- Ya me canse de seguir huyendo, ¡sin saber por dónde vamos!
El medio día había llegado a la selva Petenera y el calor allí era insoportable. 
Los soldados, quienes llevaban horas metidos en la selva del Petén, iban muy bien preparados: Con fusiles, cuchillos, brújulas, cantimploras, camuflaje en sus uniformes. El único que llevaba algo diferente de el resto de lo soldados, era el Canche alto; éste llevaba un arco enorme colocado a su espalda y en ella tambien, varias flechas; en su cintura, una escuadra, con una tolva que doblaba el largo de la cacha.
- ¡Agáchate! Le dijo el Alacrán, al Zeta.
- ¡Creo que escuche algo! Ambos se tiraron al suelo. Efectivamente a unos pocos metros de su lugar, la patrulla de soldados, pasaba vijeando por todos lados; en el medio de la tropa, sobresalía, el alto del Canche, quien llamaba mucho la atención, por el arco y las flechas.
- ¡Mira a ese hijo de puta del gringo! _¡Piensa matarnos con sus flechas el desgraciado!
- ¡Maldito, hijo de cien putas! Dijo el Zeta. Entonces, el Zeta, quien era mas inteligente que el Alacrán le sugirió a su fornido amigo.
- ¡Vení, vamos en el sentido opuesto a ellos! y cautelosamente se largaron del lugar.
- ¡Mi capitán! ¡Mi coronel! ¡Por aquí! Gritaron dos peloncitos, quienes viajaban por delante de la patrulla, como vijillas. 
- ¿Qué pasa? Dijo el capitán, llegando al lugar.
- ¡Mire! El capitán se tapó las narices pues, casi vomita. 
- ¿Qué pasa capitán?
- ¡Unos restos de extremidades Señor! ¡pero son de días, pues apestan! ¡no se acerque Señor!
- Entonces, ¡vamos por buen camino! _¡descansaremos unos cinco minutos, aquí capitán!
- ¡Si señor! pero más para allá, pues, ¡aquí huele horrible!
- ¡Mi capitán! ¡mi coronel! ¡aquí hay buena sombra, debajo de ésta ceiba! 
Era evidente, que los prófugos, quienes llevaban una semana huyendo, habían estado dando vueltas en círculos, pues, a los soldados no les había costado mas que medio día, para llegar a ese lugar.
Mientras, el Tigre y el Calavera, seguían con un rumbo que los llevaba a lugares de entrenamiento kaibil. 
- ¡Mierda! ¡agáchate en silencio! Le dijo, el Tigre al Calavera.
- ¡Mirá! Le enseño a unos soldados, que pasaban algo lejos de ahí, pero que eran visibles al ojo; se trataba de unos soldados, los cuales tambien se veían desmejorados como ellos. 
Éstos, siguieron su camino de supervivencia.
- ¿Qué hacemos vos Tigre?
- Creo que, esos no son nuestros cazadores, se ven agotados y débiles como nosotros.
- Tengo entendido que aquí, en estas selvas, esta un lugar en donde entrenan a los kaibiles del ejército.
- ¿Sí? dijo con cara de extrañeza el idiota del Calavera. Quien se había ido junto con el Tigre, porque éste era muy fuerte y él pensaba que su compañero le podría ayudar llegado el momento.
La noche cayó en el Petén y todos, tanto soldados, como fugitivos, se hicieron al sueño, cansados por la faena del día. Un grupo desilusionado por no haber podido estrenarse en la casería humana; mientras que, el otro grupo, feliz de no haber sido cazados.
...CONTINUARÁ.....








Eres lo mejor para mi


Hoy, abrí mi corazón
 realmente sentí que tú eres lo mejor para mi
ahora ya no me puedo olvidar
lo bueno que eres tú para mi
nada importa, nada importa
solo, sentirse así de bien
junto a ti amor
un momento me llevo
convencer a mi solitario corazón
y entender
que realmente eres lo mejor que ha llegado a mi
nada importa, nada importa
se siente tan bien
saber que te tengo junto a mi... amor
junto a mi 
nada que hacer, mi vida realmente empezó
el día en que a mi llegaste
un momento te bastó
para mi corazón tomar
ahora soy todo tuyo, mi amor
tu eres todo lo mejor para mi
eres todo, todo para mi
todo para mi... amor


lunes, 24 de noviembre de 2014

Libre de ti, mamá

Quiero libertad esta noche.
Ser libre de ti, 
deja que viva mi vida esta noche... mamá.
Quiero libertad de ti.

Hace mucho que deje el biberón.
Quiero, correr y sentir el viento en mi rostro... mamá.
Quiero ser libre esta noche,
libre de ti, mamá

Entiende que ya no soy tu bebe,
mira bien mi rostro, mamá.
Quiero liberarme de ti esta noche.
Independencia... ¡ya!

Bailar, beber, cantar, fornicar.
Quiero libertad de ti, mamá.
Entiende que ya crecí,
y no seré más tu bebe.

Cigarros, amigos, mujeres, licor;
necesito para mi... mamá.
Y tú quieres que tome mi biberón.
Entiende que ya crecí... mamá.
Quiero ser libre  ésta noche de ti... ¡mamá!

domingo, 23 de noviembre de 2014

Hoy es el gran día

Espérame en la ventana.
Espérame en la puerta.
Espérame en el teléfono.
Relájate mi Ángel, por favor. 
Simplemente espérame.
Hoy será ese día,
el día que venimos postergando, amor.
Hoy será el día, ¡ya lo verás!

Espérame en la avenida.
Espérame en el bus.
Espérame en el ascensor.
Relájate mi Ángel, por favor. 
Hoy será ese día. 
El día que vienes postergando tanto, amor.
Hoy sera el día, ¡ya lo sentirás!

Espérame en el supermercado.
Espérame en el auto.
Espérame en el colegio.
Ángel, solo relájate por favor.
Hoy será ese día que vives postergando.
Hoy sera el día, ¡ya lo vivirás!

Por fin, llegas mi Ángel.
La espera, por fin terminó.
Hoy será, el día postergado por semanas.
Solo relájate y deja el miedo allí afuera.
Sé un ángel y deja que yo haga el trabajo.
Hoy es el día, ¡ya nada para mañana!


Desnúdate mi Ángel, 
deja caer junto a tu ropa, tu vergüenza.
Relájate y déjame  hacerlo todo. 
Hoy es el día tantas veces postergado.
Hoy sentiremos, lo que es el verdadero amor.
Relájate, cierra tus ojos,
deja que yo me encargue, ¡solo disfrútalo!
Hoy es el día tantas veces postergado.
Hoy será el día, 
que te de todo mi amor... ¡mi Ángel!







La Hoja en Blanco

Alguien, llegó y le colocó sobre su mano derecha una hoja de papel en blanco y sobre su mano izquierda un lápiz, ambos se vieron directamente a los ojos y en los rostros de ambos no hubo ninguna reacción. El que depositó los utensilios sobre las manos del otro; se retiró, dejando al otro ahí, solo, con sus manos ocupadas con aquellos objetos listos para ser usados.
Éste, vió lo que ahora tenía entre sus manos y se dirigió a un lugar, sobre el cual colocó la hoja en blanco y al lado el lápiz. Por horas, la vió y no se atrevió a manchar la hoja, ésta seguía intacta, al igual que el lápiz a quien por ratos le brillaba la punta de carbón, afinada al máximo. Pero, él no lo cogió y la hoja permaneció en blanco, tal cual, se la dió el otro individuo.

Muchas veces, me pasa lo mismo; sentado frente a esa hoja, sin saber que escribir sobre ella, buscando la frase perfecta para dar inicio a lo que a continuación podrá ser algo maravilloso, o algo mediocre, o simplemente algo sin valor alguno. Tengo mucho cuidado en lo que en ella debo escribir, pues, es y será, siempre una gran responsabilidad, lo que en ella se escriba. No lo digo como escritor; ¡que no soy! simplemente lo digo como uno más de los que habita éste planeta. 
A todos se nos da un día, una hoja en blanco y un lápiz, y con ellos, la responsabilidad de lo que sobre ella escribamos, dibujemos o simplemente garabateamos.

Veamos ésto: 
Un escritor, sentado frente a una máquina de escribir, coloca sobre la hoja en blanco; el encabezado; capitulo uno, luego el nombre del capitulo y luego de ello, empieza con una frase, la cual da inicio a su obra. De inmediato, luego de escribir la primera oración, se detiene y la arranca de la máquina de escribir a la hoja y luego con mucho desilusión y cólera, la estruje y la arroja al cesto de basura, el cual, ahora está lleno de hojas estrujadas. 
La hoja, dejo de estar en blanco y lo que en ella se escribió, seguirá allí, para siempre. Ya nada la volverá a su estado virgen, una vez se garabateó sobre ella, lo que se plasmo en ella seguirá allí para siempre y por siempre; ¡no hay vuelta atrás! 
Por más que queramos, la destruyamos, la rompamos, la estrujemos, la quememos; lo que en ella se escribió ahí quedó.

A veces, escribimos sobre una de ellas, algo horrible, de lo cual nos avergonzamos y luego nos arrepentimos; la separamos del resto de hojas en blanco, la estrujamos, luego la cortamos en miles de pedacitos y por último la quemamos. Creyendo con ésto, que todo volvió a la normalidad, pues la hoja ya no existe pero, lo que ahí escribiste, aunque no lo quieras sigue ahí; es más, si coges un trozo de carbón
-o simplemente un lápiz- y lo riegas sobre la hoja que continuaba del montón, veras como en ella aparece como por arte de magia lo que en la otra habías escrito, ¡sí la destruida! 
Escribiste en ella, y aun está; sí, tú cólera fue tal, así fué entonces la fuerza empleada y veras que en la próxima hoja aun hay restos de lo que en ella escribiste. Sobre lo que hiciste.
Ése es el poder de una hoja en blanco, es tan poderosa que hasta con el tiempo, si decides dejarla así, te darás cuenta que el mismo tiempo escribió sobre ella, pues, hasta el mismo tiempo, sabe que una hoja en blanco no fue creada para dejarla así, burlada, así, en blanco, entonces él, el tiempo, escribe sobre ella.
Pasado un tiempo, regresas, abres la gaveta y te encuentras ahí con ella, con la hoja que un día despreciaste y junto a ella el lápiz que jamas usaste, verás que ahora la hoja ya no es blanca, ahora está amarillenta y con pedazos llena de pequeños agujeritos, la tomas y casi se desbarata en tus manos, te preguntas ¿qué pasó? Lo que pasó, es que el tiempo escribió en ella. Sí, el tiempo, siendo como es, se toma un tiempo para escribir sobre ella, la hoja en blanco. 
¿Quién eres tú para no escribir en ella? 

La hoja y sus derivados, fueron para ser usadas y ¡deben de ser usadas! El problema, es y será lo que en ella tú quieras dejar plasmado, pues, cada quien que vea lo que en ella plasmaste, será vista de diferente forma, será interpretada de diferente manera. Pero, de algo estoy seguro y es, que lo que en ella escribas, ¡nunca, nada lo cambiará!
Si observas el cuadro de la Gioconda, conocida tambien como: La Mona Lisa; ¿qué crees que sucedió ahí, ¿es Leonardo da Vince, el que está ahí como travestí? ¿es una mujer? la cual se está sonriendo o, la modelo siempre estuvo sería y un descuido de da Vince le provocó un leve desvió a su bosquejo y como él sabía que no se podría borrar pues, lo que ya se dibujó sobre ella, en ella queda. Será que, él quiso simplemente volver al original y al hacer ésto, quedo plasmada esa misteriosa sonrisa o, ninguna sonrisa. Simplemente, un rasgo, de un imprevisto desviado por el infortunio; pero, ésto es criterio de cada observador. Ésto, es un simple ejemplo.
Puedo decirte, para que entiendas, que una vez manchada la hoja en blanco, lo que en ella se colocó siempre y para siempre, ahí quedará. 

Un artista, hace un bosquejo sobre el lienzo o la hoja en blanco, luego, coloca una línea débil sobre otra y sobre otra, hasta encontrar el trazo perfecto, él, la ve desde diferentes ángulos, con diferentes luces, tratando de ver en su mente, las reacciones diferentes de cada quien que la observe luego; ya satisfecho de lo que ha  ha dejado sobre el boceto, procede a pintarlo, a colocar colores sobre las líneas mas remarcadas, hasta dejar la obra de arte perfectamente terminada. Pero, bajo todos esos brillantes y perfectos colores, quedaron los trazos originales, los del bosquejo. Ves, lo que escribes sobre la hoja en blanco, ahí quedará por siempre.

Tú, tienes en tu poder, entre tus manos, una hoja en blanco, en la cual, quieras o no, con el transcurso del tiempo deberás escribir; y, ya has escrito aunque no te hallas dado cuenta, y lo que en ella escribiste ahí sigue, para bien o para mal allí está y ni tu ni nadie lo podrá cambiar. 

Ahora que sabes de ésto y ves que aun te quedan hojas en blanco sobre tu mesa, observas que tu lápiz ya es más pequeño, no te asustes, simplemente, es que el tiempo ha transcurrido y lo que te falta por escribir es justo el tamaño de tu lápiz, procura que éste no se caiga pues, puedes con ello fracturar su mina y hasta quebrar su punta y te verás obligado a sacarle punta, con ello, tu lápiz ahora está más pequeño, cuídalo mucho y sobre todo ten cuidado con lo que de hoy en adelante escribes sobre las hojas en blanco que aún te queden, de ello, depende como con el tiempo te recuerden, o te olviden, o te ignoren. Éste es el poder de una hoja en blanco. 
Y, queramos o no, deberemos escribir en ella. 

Importante, no permitas que otro escriba por tí, no permitas que otro manche tu hoja blanca, no permitas que nadie, nadie, escriba en ella, por la mejor caligrafía y hermosos dibujos que éste haga, siempre se tú quien en ella escribas y dibujes, aunque tu caligrafía sea ilegible y tus garabatos no tengan sentido, ni forma alguna. No importa, siempre se tú quien en ella escriba y, si en ella dejas o no, una obra de arte aclamada. 
Lo que en ella estará, será tuyo y si sobre ella dejas algo hermoso, ¡mejor! La idea es que sea cual sea el resultado, se tú quien en ella escribas. No permitas que otro escriba por tí... ¿qué no sabes escribir? Entonces, has garabatos sobre tu hoja en blanco, al fin y al cabo, ¡serán tus garabatos!

Por último, recuerda que tienes una gran responsabilidad, una adquirida en el preciso momento en que te fue entregada sobre tus manos, aquella hoja en blanco, junto a un lápiz. Solo ésto recibiste, no te dieron un borrador, pues el que te dió la hoja, sabe muy bien que lo que en ella se escribe, allí quedó y nada cambiará eso. 
Y, que tampoco se te dió un sacapuntas, para que cuides a tu lápiz, pues, éste siempre escribirá, durante el tiempo que tenga que durar. Pero si te descuidas y lo dejas caer rompiendo su punta y la mina con el golpe ¡mala suerte amigo, pues hasta ahí llegaste!

Cada quien tiene la oportunidad de escribir su propio destino, es una gran responsabilidad, pues de ello depende tu vida y aunque no lo creas la de muchos más, por ello, elige bien cada palabra, cada silaba, cada frase, cada oración, pues de lo que en ella escribas, todo dependerá; cuando, llegue el día de que, él que te dió la hoja en blanco en tu mano derecha y sobre tu mano izquierda coloco el lápiz y, antes de retirarse y dejarte solo en aquel lugar, fijamente a tus ojos vió; sin dibujar ninguna expresión en su rostro. De la misma manera volverá, y a tus ojos te verá. Sin expresión alguna en su rostro, a tu hoja tomará y de tu mano izquierda lo que quede del lápiz ignorará, pues a él lo único que le interesará es, leer lo que en ella escribiste y de ello, dependerá tu siguiente futuro.
Pues, el que un día, fue presente; ahora pasado es y, el que un día, fue tu futuro; ahora pasado es.
Y, tu siguiente futuro, dependerá de lo que lea en la hoja en blanco que en tu mano dejó.
A partir del retorno de ese misterioso personaje de rostro inmutable. Pues, de las conclusiones que de allí saque. De él dependerá; tu siguiente futuro.... ¡Amén!







 







 

El Pastor

Hubo un tiempo en el que, le recomendaron a un hombre el cuido de un basto rebaño, el cual, él lo aceptó con mucho gusto, quien le recomendó su rebaño quedo tranquilo pues, conocía al hombre que le había dejado tan encomiable tarea; que, entonces, éste, El Patrón, se dedicó a sus otras tareas no menos importantes que la de cuidar a su amado rebaño.
El tiempo pasó y el hombre estaba feliz con la confianza que se le había otorgado. Pero, con forme el tiempo pasaba y el Dueño no regresaba a encargarse de su rebaño, éste, se comenzó a impacientar y su cabeza, la mala cabeza, le empezó a crear malos pensamientos; éste se repetía a sí mismo.
_El rebaño ahora es mayor en cantidad...
_El rebaño ha engordado a mi ojo y ¿qué recibiré yo a cambio?
_¡Un simple gracias!
_Mi Patrón, se ha aprovechado de mi. 
Éstos, eran algunos de los muchos malos pensamientos que su mala cabeza le dictaba; sin embargo la buena cabeza, le reprochaba.
_Deberías de estar agradecido por ser tú, a quien se le recomendó este gran rebaño, una gran responsabilidad, digna de alguien a quien se le tiene mucha confianza y amor...
_Sigue cuidando al rebaño sin reclamar, ya obtendrás tu recompensa, ten paciencia. 
Entre otros buenos pensamientos, éstos le dictaba su buena cabeza. Pero, como ya es bien conocido por todos, siempre dominan los malos pensamientos. 
Y, transcurrido el tiempo y el Patrón no volvía, éste, decidió apropiarse de aquel rebaño, el cual, vivía feliz en la grandeza de aquellos terrenos, que se perdían a la vista del ojo. 
El hombre, por fin cansado, un día, construyó una enorme cerca y en ella metió al rebaño que tenía bajo su responsabilidad, protección y cuidados. El rebaño, acostumbrado a vivir a sus anchas en el basto territorio que les pertenecía por derecho, al verse encerrados en aquella pequeña extensión de terreno y rodeados de una enorme cerca, la cual no les permitía ver mas allá, se reunieron y cuestionaron al hombre que los cuidaba y guiaba. 
El hombre, al verse rodeado de un enardecido rebaño, tuvo que mentirles para apaciguar la rabia de estar ahora limitados, de aquel basto territorio y de comunicarse libremente con otros rebaños, tambien propiedad del Patrón. 
El hombre les dijo.
_¡Escuchadme todos! ahora yo soy vuestro patrón, vuestro guía, yo, he sido quien los ha cuidado y los ha alimentado; ¡ahora me pertenecen! 
El rebaño protestó y, se escuchó un tremendo ruido debido a sus reclamos. 
El hombre, seguía con su discurso.
_El Patrón, ¡nos abandonó y solos nos ha dejado!, ¡solos a nuestra suerte! 
_Pero, ¡no desesperéis pues, yo ahora soy quién os guiaré y os protegeré y os alimentaré! 
_A cambio, ¡todos me escucharan y me obedecerán a mí! 
_Mis nuevas doctrinas; las cuales seguirán rigiéndose por las mismas bases de nuestro antiguo Patrón, ¡salvo algunos cambios que yo haré y que nos beneficiarán a todos! 
_Veréis, ¡qué felices seremos de ahora en delante! 
El rebaño, escuchó ésto y mucho más y se resignó a seguir ciegamente a su nuevo lider y pastor. Éste, dictó nuevas leyes a sus conveniencia y, dictó ciertas leyes -así las llamó- las cuales, tenían algunas prohibiciones, sutilmente escondidas. Pero, todas esas nuevas leyes, eran basadas en las originales doctrinas, les decía el nuevo lider.
Al tiempo, los otros pastores de aquél vasto lugar, levantaron sus propias cercas e hicieron lo mismo que hizo el pastor vecino de ellos. Proclamando como suyos, a los rebaños que les habían sido encargados tambien. 
Ellos, dictaron sus propias leyes, normas y prohibiciones a su conveniencia, con mucha similitud a la de sus vecinos, pero con apéndices especiales que le convenían a ellos, a cada quién de los pastores y ahora patrones. Todo ésto, decían ellos a sus rebaños, tomando como base, lo que el real Patrón había dictado hace tiempo, mucho tiempo atrás. 
Y, de aquel vasto territorio que un día fué, aquel que se perdía al ojo del pastor. De él, ya nada; solamente una cantidad enorme de cercas -cómo fronteras entre ciudades- 
Los enormes rebaños que alguna vez obedecieron al único y verdadero Patrón y del cual se regocijaban, disfrutando de ese vasto territorio, y que ahora vivían encerrados adentro de cercas, con leyes distintas entre los mismos pastores, dictadas cada una por el pastor que los había secuestrado en nombre del Patrón, utilizando, según ellos, la misma filosofía, la misma política, las mismas normas, las misma leyes del verdadero Patrón. Pero, a las que le habían hecho unos cambios sutiles a ciertas clausulas, para mantener a su rebaño con ellos. 
Diciéndoles, que lo que ellos pregonaban era la única verdad, y que los otros mentían, engañaban y les recalcaban que eso lo hacían en nombre del verdadero Pastor, del verdadero Patrón y que por ello debían de obedecerlo a él, hasta que el Patrón volviera por ellos y los guiará como en un principio. 
Entonces, los rebaños se conformaron y creyeron y, hasta el día de hoy se encuentran esperando a que el verdadero Pastor, el verdadero Dueño de sus vidas, el Patrón de patrones vuelva, para que así, por fin, ese día puedan derribar las cercas que los aprisionan y entonces, con Él, puedan volver a ser libres sobre aquellas inmensas y bellas planicies; llenas de alimentos, con frutos de gran variedad y con la esperanza de encontrarse con sus hermanos, padres, hijos, y demás familia, que ahora pertenecía a otras creencias, según el pastor que les había tocado y los tenía secuestrados al igual que ellos, adentro de esas cercas, que lo único que habían logrado, era separarlos, como un único rebaño que un día fueron, adueñarse de sus convicciones y creencias. Y, lo más importante, la pérdida de su libertad, la que un día les otorgó el Patrón.   


Ésto, no es: Un cuento, una fábula, una historia, un artículo, ni nada parecido. Tampoco es, lo que tú estas pensando qué es. Puede que sea muy parecido, pero te equivocas, no lo es.
A mi me a confundido tambien y mi pensamiento me traicionó, llevándome a fronteras que no quería llegar.
Lo importante de ésto; sea lo que sea, es, lo que tú de él obtengas, lo que de él recibas, lo que de él quieras y te atrevas a pensar, lo que de él quieras o no aceptar. Ésto, será lo que tú quieras que sea.
Podría atreverme a decir, que, a lo mejor, ésto lo escribió alguien del rebaño, o uno de los pastores que creen representar al Patrón. No sé, solo sé, que yo ya tengo mi opinión. ¿Y tú? 

viernes, 21 de noviembre de 2014

DEPRESIÓN

Miedo a la vida, desgano por la vida, perdida de toda alegría, motivación, superación, odio a la personalidad, a tu persona, desaliento, camino a una muerte inducida, búsqueda de soledad, asimiento, atracción por lo oscuro, por lo oculto, odio a Dios, abandono a la fe, mutilación, desesperación, desconsuelo, fatiga, cansancio, sueño profundo, abandono personal, cuerpo sucio y desalineado, inapetencia, desasosiego, inmersión en un mundo vació, odio a la humanidad, a la familia, a si mismo(a), deseos de huir, espanto, miedos infundados, pensamientos peligrosos, ningún deseo, falta de atracción, de sexualidad, de compañía, deseos imperativos de hacer daño, dolor en el pecho, opresión en el corazón, sensación de vacío en el estómago, falta de olfato, de los sentidos, sentidos apagados, debilidad en las extremidades, intolerancia a la luz, entumecimiento, aislamiento mental total, color preferido: el negro, colores oscuros, colores absorbentes de la luz, fe en lo oscuro, lo maligno, humor negro, preferentemente humor negro en contra de él (ella), apatía, pereza total......

Ésta, es una pequeñísima lista de lo que abarca esta horrible enfermedad, y que todos la llevamos dentro, adentro de nosotros, al asecho nuestro, esperando una pequeña invitación para apoderarse de tí de mí, aunque a veces le dejamos salir con nuestra autorización y bajo nuestra supervisión, bajo ésta condición se considera normal. Prima hermana de la Ansiedad, juntas, son devastadoras, son asesinas del genero humano, aunque se ha visto hacer de las suyas en seres de menor escala, como animales domésticos.
Personas con ésta enfermedad, son dignas de darle todo nuestro interés y, de ayudarles, aunque ellos, conscientemente se niegan a recibir ayuda; es más, no te la piden. Y, al decir que no te la piden, ésto es un poco paradójico; pues, en sí, la depresión es en sí misma, un grito desesperado de auxilio, que muchas veces lo tomamos las personas: "sanas", de manera desapercibida, sin el mas minimo deseo de tomar parte en este circulo psicológico, y es aquí en donde el problema se incrementa, al grado de que cuando venimos a darnos cuenta ya es, en algunos casos, muy tarde, pues, quien te pedía ayuda y no la encontró decidió que no era importante, decidió que él (ella), no valía la pena y toman entonces, la fatídica decisión de atentar en contra de ellos mismos, hasta el grado de quitarse la vida. 
Al igual que la ansiedad, es un problema amarrado uno al otro, y, que debe de ser abordado con mucha seriedad, primero por el núcleo familiar y luego por un profesional. 
Enfermedad de índole psicológica, que llega a interferir con nuestro cuerpo directamente, convirtiéndose en una enfermedad psicosomática, ésto, muy peligroso pues, puede llegar a enfermar órganos sanos, dejando de ser una enfermedad del tipo psiquiátrico, pasando a ser directamente una enfermedad orgánica (médica).

_Lo mejor, es que lo lleve a un hospital psiquiátrico, pues, clínicamente hablando, él se encuentra bien.
Ésta era la recomendación del Dr. Marroquín a un familiar que llevó al joven Constantino a la emergencia del Hospital General, con síntomas que para el paciente eran mortales, pero que, al momento de ser auscultado por el Dr. Marroquín, éste se encontraba perfectamente, agregando que los resultados químicos del laboratorio, eran los de una persona sana.
Con 3 cc de valiun en su cuerpo y sintiéndose como una persona nueva, salieron de la emergencia del Hospital. Aunque, el chico se sentía en esos momentos, sano, él sabía que dentro de 24 horas estaría de nuevo en aquella sala de urgencias con los mismos síntomas mortales que lo habían llevado ahí. 
Al termino del tiempo y de ver que nada cambiaba y con la combinación de las drogas, él empezó a notar muchos de los síntomas, antes enunciados en el listado anterior, ésto, vino a volverle insostenible la existencia, y la contaminación a los miembros de su familia, quienes al verlo debatirse entre la vida y la muerte, por verse impotentes y lo peor el no entender ese comportamiento; ellos estaban entrando en ese ciclo vicioso de ésta enfermedad, con la diferencia, de que ellos, los familiares, si estaban dentro de lo que llamaremos una ansiedad/depresión normal, la cual, los dejaría en el mismo momento en que el paciente, su familiar, sanara.
A los días, Constantino fue ingresado en un Hospital Psiquiátrico, un lugar, el cual, no debe de ser encasillado como un lugar para locos, pues, ésto no es correcto ni cierto, éstos son lugares especializados para el remanso del espíritu, del alma, de la psiquis.
En el lugar, muchos como él, con el mismo problema, pero diferentes, por el hecho de estar dopados con muchas drogas: antidepresivos, ansiolíticos, menores y mayores, inhibidores, etc.
Constantino, recuerda que mientras duró su rehabilitación, conoció a una persona, con quien encontró una empatía. Era  Marcelo; se llevaban muy bien y mientras estuvieron adentro del hospital, estuvieron bien. Constantino, se sentía como en un lugar, en donde no le permitirían a la muerte, ser arrebatado de ese lugar. Mientras que Marcelo estaba normal, mientras que por sus venas circulaban los anti-alucinógenos, pero, cuando éstos eran retirados por el medico para ver su desempeño y ver que tanto había avanzado el tratamiento en él. Él, Marcelo, regresaba en el tiempo y veía en Constantino a su enemigo, el causante de su desgracia, lo desconocía por completo y aparecían adentro de su cerebro, los demonios que lo habían llevado a ese lugar; -creo que Marcelo, estaba por cruzar la línea, esa delgada y débil línea entre la cordura y la locura- y, le daba por atacar a su mejor amigo.
_¡Vos desgraciado te voy a matar! Le reprochaba Marcelo a Constantino. Constantino, veía en el rostro de su amigo y específicamente en sus ojos, un odio, jamas antes visto en un ser sano mentalmente, y le entraba un temor justificado. Él, Constantino, corría a la estación de enfermeros a solicitar auxilio, tanto para él, como para su amigo, mientras Constantino corría, el otro Marcelo, se desplazaba lentamente, producto de los residuos de los medicamentos en su sistema. Pero, de haberle dado alcance, seguramente Marcelo habría asesinado a Constantino. Cuando le inyectaban sus medicamentos, éste volvía a la cordura y se convertía en una persona noble y cariñosa, un gran amigo y olvidaba por completo a ese demonio que de alguna manera inexplicable se habia apoderado de él y por el cual estaba recluido de hace tiempo en ese lugar.
A la semana de Constantino estar en ese lugar y los médicos observar una mejoría en él; ese fin de semana le permitieron irse por dos días a su casa. En ella, la normalidad había regresado, lo que sus familiares ahora sentían, era un gran alivio y Constantino departía con sus amigos. Para que el día lunes a primera hora, regresar al hospital pues, eran las reglas del lugar y tambien el medicamento era el exacto para esos días y Constantino, aun no sabía que le estaban dando, pero era algo que lo mantenía sin tener una recaída. 
Luego de varias terapias y de la regulación en los medicamentos, ellos, los médicos desdieron darle de alta y Constantino se convirtió en un paciente ambulatorio y así estuvo por meses, muchos meses. Él le preguntaba a su terapista.
_¿Cuándo dejaré de verla? ¿cuándo no volveré a venir a la terapia. La psicóloga le sonreía y le explicaba que no eran ellos los que tomaban la decisión de abandonar la terapia.
_¡Eso, tu lo decidirás Constantino!
_¿Cómo asi Licenciada? Preguntó Constantino con dudas en su ser.
_Así es Constantino, llegará el día en que ya no vuelvas.
Así fué Constantino se reinsertó a la sociedad, dejo paulatinamente de tomar sus medicamentos y cuando aprendió a vivir la vida sin las drogas, ni la terapia, él siguió con su vida normal.

Así es, éstas enfermedades llegan un día, el menos esperado, el que ni te imaginas, llegan sin entender porqué; pero se hicieron presentes y tu vida se volvió una pesadilla, luego de aprender y entender que tu problema no será resuelto por los médicos tradicionales y aceptas que debes de ir con los especialistas, esos, que muchos les dicen loqueros, sin saber que mañana podrían ser ellos los que estén viviendo esa pesadilla, algo que Constantino y Marcelo no se lo desearían ni a su peor enemigo, pues, esa no es vida, esa es como una muerte en vida, y te vuelve una persona más sensible y comprensiva, te vuelve en un ser humano; algo que muchos no entienden, porqué jamas han sufrido éstas crisis. 

Sabemos que está ahí, dormido, y que en cualquier momento puede despertar y eso nos aflige hasta lo mas profundo de nuestro ser, por ello, creo que nos humanizamos más y confiamos en Dios, para que nos vea con buenos ojos y Él no permita que ésta bestia dormida despierte de nuevo.
Y tú, que te crees inmune a ésta enfermedad y que te jactas de que si te da lo dominarás de inmediato, pobre iluso, deseo que no te suceda nunca. Aunque les confieso que hubo momentos en mi vida, cuando estuve sumergido en alguna de muchas crisis y al escucharles decir sinónimos estúpidos, faltos de caridad y de amor, para el que esta sufriendo. Pense y deseé.
_Si éste idiota sintiera un 10% de lo que yo estoy sintiendo ahora y a lo cual ya me acostumbre, ese valiente moriría de horror en éste instante.
Doy gracias a Dios, por haberme permitido caer en ese hoyo; de haber tocado fondo, de haber sufrido la peor de mis pesadillas despierto y de haberme levantado y de haber salido victorioso de ahí. Hoy, espero que los que me criticaron y fueron insensibles a mi desesperante dolor y sufrimiento, no lo vivan en carne propia, ni ellos, ni mucho menos sus descendientes. 
Ahora soy más fuerte y veo la vida de una manera diferente, siento miedo, claro que sí, pero eso me permite disfrutar de la vida y de sus momentos mágicos, pues, puedo decir. 
"Estuve ahí abajo, en el suelo, he estado aquí en medio, lugar de todos los cuerdos y estaré en lo más alto, lugar exclusivo para seres como nosotros, que hemos sufrido lo insufrible y que ahora disfrutamos de algo que sabemos valorar; pues ellos, los sanos, no conocen lo que es sufrir, lo que es estar en ese hoyo, entonces no saben saborear de los momentos de dicha plena, pues, PARA SER FELIZ, DEBES DE HABER CONOCIDO EL SUFRIMIENTO PRIMERO...

Quiero dedicar ésto a mis hermanos en la ansiedad y la depresión...
Especialmente a mi amigo Marcelo, esperándo, que haya dominado al demonio que lo dominaba a él, ése que vivió adentro de su alma, de su espíritu, de su psiquis.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Lo que un tonto cree

Como un tonto, todo lo creo.
Todo lo que quieres que crea.
Eso piensan de mi.
pero no soy un tonto.
Solo soy, un hombre enamorado, ¡eso soy!
Tengo el poder del amor.
El poder de sentir. El poder de amar.
¡Tu no tienes nada!
Solo piensas en mi, como un tonto.
Aquel que todo cree de ti;
el que cree todas tus mentiras,
todos tus devaneos.
Pero, como ves...
No soy un tonto, solo soy 
un hombre enamorado.
Uno que en su corazón 
puede sentir, puede amar.
Si eso es ser un tonto,
¡quiero morir siéndolo!
Lo que un tonto cree
de una mujer... Es amor, es amarla.
Es mi naturaleza, amarlas como un tonto.
Si buscas a quien amar, a quien te ame...
Busca a un tonto, un tonto te entregará,
todo... todo el amor que puedas recibir,
todo el amor que tu corazón
pueda recibir sin llegar a explotar.
Perdón, pero si eso es un tonto que cree todo;
alguien que cree todo lo que viene de ti. 
Si eso es ser un tonto,
¡quiero morir siéndolo!


EL TRASPLANTE. CAPITULO 3

En la sala, todos se pusieron de pie a la espera de lo que había pasado con Martín. 
El Dr. Marroquín les dijo.
_La operación fué un éxito, hubo complicaciones de último momento, pero logramos estabilizarlo y ahora está en la sala de recuperaciones.
_¡Qué bien! expresaron todos con mucho jubilo. Mientras, Ady, no podía disimular su alegría y eso le causaba unas cuantas lagrimas, las que rodaban por sus mejías, pero, ésta vez eran de alegría.
_Dr. ¿Ahora podrá caminar, hablar, hacer todo lo que antes hacía? Pregunto con gran emoción, una emocionada e ilusionada Ady.
_¡Sí hija así será! Respondió el Profesor Efrén, quien se veía tambien bastante relajado después de días de espera. Entonces, se metió a la conversación la enfermera Aracely, mientras que se alejaba de la salita.
_¡Ahora viene lo peor!.. Se alejó del lugar, dejando en esa sala la incertidumbre en el corazón de Ady.
_¡Bueno! ¡estamos muy agotados! nos retiramos a descansar y ustedes deberían hacer lo mismo. Dijo el Dr. Marroquín, para disimular la metida de pata de la indiscreta enfermera.  Se retiró el grupo de empleados del Hospital General, quedando en el lugar los mismos. Al buen rato, la pareja de esposos Corina y Julian, tambien se despidieron de Ady y de su querido Profesor Efrén, quedando siempre a disposición de Ady y del Profesor, en el proceso que ahora venía. 
_Bueno hija, es bueno que nos retiremos a descansar tambien. 
_Te prometo que todo estará bien y que estaré contigo en lo que ahora viene.
_Gracias Profesor, no se imagina cuanto lo quiero. 
_Le agradezco su compañía y ayuda en éstos momentos difíciles en mi vida. Ady se fundió en un fuerte y amoroso abrazo con el Profesor, quien se conmovió y su vos se le quebró.
Al día siguiente, Ady llamaba por teléfono a la recepción del hospital, para preguntar por su novio, Martín. Mientras le daban la información.
En la sala de recuperación, despertaba Martín de la anestesia. Martín abrió sus ojos y preguntó.
_¿Dónde estoy? Lily, la enfermera, amiga del Dr. Marroquín y del Profesor Efrén se encontraba con él.
_¡Buenos días! ¿cómo se siente? Pero, éste con un rostro de extrañeza, seguía preguntando.
_¿Dónde estoy?
_¡Cálmese, esta en el Hospital General. Acaba de salir de la sala de cirugía!
_¿Sala de cirugía? Respondió muy alarmado.
_¿Qué me pasó? Se inquietó un poco. Lily, trató de calmarlo con ésto.
_Ya vendrá el Dr. Marroquín, él le responderá todas sus preguntas, por ahora quédese tranquilo o tendré que inyectarlo para calmarlo.
_¡Está bien! pero no me duerma enfermera. 
_Le prometo estar tranquilo. Lily, siguió con lo suyo, mientras que éste veía para todos lados sin moverse y no podía disimular en su rostro muchas dudas. Al paso de la mañana y a la hora de las visitas de médicos a pacientes; entró la comitiva de médicos y entre ellos, un muy interesado en el caso, el Profesor Efrén.
_¡Buenos días! ¿Cómo se siente nuestro paciente consentido? Pregunto el Dr. Marroquín, con esa amabilidad que lo caracteriza, tomando en  sus manos la carpeta del paciente.
_¿Qué me pasó Dr.? Preguntaba muy inquieto, Martín, al Dr. Mientras, todos se acomodaban alrededor de la cama del paciente, entre ellos: el Profesor Efrén.
_Cálmese, lo vamos a examinar primero y a observar como está la cirugía. 
_Sus signos vitales: perfectos; su presión: como  de quinceañero;  respuesta a la luz: perfecta. 
_Veamos ahora la operación, se ve de un color que ni mandado a hacer. 
_Está perfecto, pronto estará como nuevo; Martín. En ese momento el Profesor Efrén, estaba muy alerta y observaba detenidamente a Martín.
_¿Martín? ¿Quién es Martín? 
_¡Yo soy Humberto Dr.! Seguro tiene el expediente equivocado. Entonces el Profesor Efrén intervino, mientras el resto de galenos, practicantes, que acompañaban al Dr. Marroquín en la guardia de visita a pacientes, solo observaban.
_¡Claro que se trata de Humberto!, ¿no es así Dr. Marroquín?
_¡Perdón, así es! 
_¡Discúlpenos por favor! Se retiraron de donde estaban, el Dr. Marroquín y el Profesor Efrén.
_Mi estimado amigo, ¡ahora viene lo difícil!
_¡Lo sé! 
_¡Ya tendría que estar aquí el Dr. Gantenbeín, el Psiquiatra! Regresaron, ambos profesionales con el paciente, quien seguía siendo observado por todos los practicantes.
_¡Bueno Humberto! nosotros seguiremos con nuestra ronda de visitas. _Mientras, el Dr. y Profesor Efrén, le hará compañía.
_Gracias Dr. Respondió Humberto. 
Todos se retiraron de aquel lugar, hacia la siguiente clínica. 
Uno de los médicos practicantes, le preguntó a su maestro, el Dr. Marroquín, a las afueras de la sala.
_Dr Marroquín, ahora viene, quiza, lo mas difícil de éstas cirugías ¿verdad?
_¡Así es Dr.! ¡Así es!...
Continuará....