miércoles, 2 de agosto de 2017

Tierno y Fresa, pero Hermoso


Cierro la puerta, cierro las cortinas, desenchufo la línea telefónica, apago las redes, bajo la intensidad de la luz. Ella, nerviosa, solo me observa preparando todo para entregarle mi amor, desconectando todo lo que nos pueda distraer, mientras ella sigue sentada solamente observando; sus piernas pegadas, sus pupilas dilatadas, no sé si es por la tenue luz, o para ver cada detalle, su pecho agitado, sus manos sudadas, sus dedos entrelazados, en su mente tantas dudas. En aquella habitación, solo una cama, un televisor, un espejo, una cómoda; apago la televisión, no quiero que vea en él nada que la asuste, creyendo de que la podría excitar; enciendo la radio y busco música que hable de amor, música romántica. 
Ahora que el ambiente esta dispuesto, la miro y me sonrío, ella me sonríe con mil dudas en su mente, con ansiedad y miedos. Camino hasta donde espera, me arrodillo frente a ella, me ve con su rostro lleno de ternura y amor, eso me deslumbra; su candidez, su ternura, su inocencia; y llegan a mi cabeza mil dudas, entre ellas; será qué está lista para esta etapa en su vida, para separarse de su inocente niñez, si soy quien merece a tan delicada flor, sigo allí, hincado frente a mi joven virgen, una joven mujer que carece de malicia y de curiosidad en esta época, una que si está aquí conmigo será porque realmente me ama, no porque quiera hacer algo que en su hogar le han dicho que es el más preciado tesoro en una mujer, que lo cuide bien para que con ello sea apreciada y respetada. Sigue con su pecho agitado, sigue con su mirada exaltada, sigue con sus rodillas selladas, con sus manos apretadas, entrelazadas y sudadas. 
Con la misma sonrisa en mis labios, acaricio sus mejías, las cuales las siento calientes, será por lo sonrojadas que ahora se encuentran, ella tiene en sus labios una tímida sonrisa, la cual me indica que no está preparada, que más bien está asustada, eso lo puedo confirmar al ver lo expresivo de su cuerpo; ella se apoya en mi mano que aún la acaricia, como diciendo; te amo, si es necesario para que estés a mi lado lo haré, aunque aún no siento que sea el momento, sí creo que eres tú el indicado, más no es este el lugar con el que lo he soñado, pero no importa, si para ti está bien, para mí también. 
Es increíble todo lo que puedes percibir con un silencio total, solamente con ver a unos ojos que derraman miel y a la vez hiel, esto último, no es por otra cosa más que, por no estar convencida de el por qué está allí. 
Mientras ella me dice tanto sin decir una sola palabra, yo pienso y medito, con las que ya estuve en este mismo lugar, haciendo el mismo ritual, y que al darme cuenta, quien me espera sobre la cama ya está habilitada, se acaricia, como iniciando la historia erótica que aún no inicia, pero que ella ya inició, quizá desde el momento en que lo convenimos. 
Yo me ausente de aquel lugar pensando en mis anteriores encuentros amorosos, bueno sexuales, pues, no creo que en ninguno haya habido amor, solo deseo y pasión. 
Sumergido en aquellos recuerdos, cuando sentí su caricia, su mano temblorosa acariciando mi mejía, esta caricia tan especial y diferente me hizo regresar a este vulgar lugar, uno indigno para alguien tan especial, se veía más tranquila, la música, el ambiente y verme hincado ante ella sin decir nada, eso quizás la tenía más tranquila. Ahora, era yo, quien tenía mil dudas en la cabeza, quien temblaba, no de pasión y deseo, sino de miedo, miedo de perder al ser amado, mi excitación de hace unos instantes, se había apagado, esto jamás antes me había pasado y es que, no he dicho que la chica era una veinteañera de singular hermosura, sexy figura, cara de maniquí, mujer sensual, mas no mujer fatal. 
Ella con dulzura me habló, me pregunta qué sucede, como quien pregunta por alguien que estuvo y ahora ya no está. Yo seguía sobre la alfombra, ella ahora con sus piernas relajadas, sus rodillas separadas, su pecho tranquilo, su mirada de enamorada, su sonrisa, la misma pero relajada, sus manos ya no sudaban, lo sentía, pues me seguían acariciando mis mejías. 
Quien estaba confundido y extrañado, pues no era yo, era alguien enamorado, alguien que no deseaba causarle daño a la mujer que te ha cambiado la vida, ahora me sentía como un ladrón, uno que ya antes creyó haber robado mil virginidades, pero de todas, quizá solo una y tal vez, y a lo mejor, fue un vil engaño. 
Me estiré, me acomodé de tal manera que mi rostro quedó a la altura de quien se inclinaba para encontrar mis labios y nos besamos, ese beso fue diferente, hubo pasión, amor y emoción. Me dice; creo que este es el momento de entregarme al ser que tanto amo. Pero yo, me retracté y la convencí de que si era cierto que eramos los indicados para hacer algo que rara vez hoy día se practica; hacer el amor, y le digo, claro que sí mi amor, pero no será en este nauseabundo y barato lugar, tendrá que ser en un lugar diferente y especial, un lugar por ti soñado y por mí jamás imaginado. 
Me puse de pié sin soltar sus manos, ella sintió a las mías sudadas y las acarició con esa particular manera de ser en ella, con su mirada, esos ojos tan expresivos, me dijo; qué sucede, te has arrepentido, no te he provocado, no soy mujer deseada para ti. 
Tonta, pues era la mujer que jamás antes desee tanto en toda mi vida, pero algo me dijo que no era el momento, ni el lugar, que ella no era digna de entregar eso tan preciado y que había guardado para esta ocasión, que debía de encontrar algo fantástico, algo como lo sería un sueño de hadas para toda chica que cuando un día piensa en este momento sueña con la llegada de su príncipe azul, sobre caballo blanco e inmaculado, cómo era ella hasta hoy. 
La tomé de la mano y caminamos así hasta la puerta que estaba con cerrojo, la abrí y salimos de esa habitación barata y con mal olor, olor a sexo barato y sucio.
En ese lugar, quedaron las canciones románticas, algo que seguro estará presente cuando sea la ocasión.  
Y nos fuimos, tomados de la mano, mirándonos, más enamorados que nunca; ella con sus lindos ojos me dijo: ¡Gracias!